miércoles 25 de enero de 2012

Y dejaré de contarte los cuentos que me has permitido contarte.... 



Gracias




martes 13 de diciembre de 2011

LA MALOCA DE HITOMA






Aquella noche un enorme resplandor despertó a Hitoma, en sueños percibió una gran culebra de fuego que devoraba con ansia su casa ancestral. La Maloca ardía e Hitoma comenzó a gritar para que su familia huyera de ese fuego devorador, de esa serpiente que no dejaba de escupir fuego. Había que poner a salvo a sus hijos, a los hijos de sus hijos, a las esposas  de sus hijos y a los espíritus de sus antepasados porque él sin ellos  no era nadie. 

Cuando todos estuvieron fuera  Hitoma clavo sus rodillas en tierra mientras veía como se iba consumiendo el hogar de la palabra, la casa ancestral donde los más jóvenes recibían los consejos para que fluyera su mundo de vida.

Y aquello que habían levantado generaciones de  ancestros  se consumía en un segundo,  las hamacas para dormir, los fogones donde cocinar, los alimentos de la cosecha, el resultado de la pesca y de la caza. Y desde fuera Hitoma sintió que la serpiente devoraba su universo porque el fuego no sólo engullía  la maloca sino que demolía  todo su universo. 

Así lo contaba Hitoma a todo el que quisiera oírlo  cuando aterrizó en el aeropuerto, “vengo a devolverles la visita que nos hicieron allí por 1492  – respondió al Funcionario de aduanas que miraba su tocado de plumas con recelo- y a que ayuden a reconstruir mi maloquita”. Y así lo relataba a Alcaldes y funcionarios, “sólo necesito 6.000 euros y un ordenador  que ustedes no usen” y los alcaldes se dejaban poner el tocado de plumas y los funcionarios le prometían un cheque y un ordenador.

Pero aún hoy, cuando han pasado muchas lunas y has salido muchos soles los antepasados  de Hitoma vagan por el Amazonas porque no encuentran su maloca  para poder reposar su espíritu.

miércoles 21 de septiembre de 2011

ES LA HISTORIA DE UN AMOR

Me dijo que había estado con muchos hombres, demasiados. Perdió la virginidad en un coche, allí en el pueblo, con el señorito, y ella chica pobre soñó que  la quería,  pero cuando  al acabar le dio unas monedas supo  cual era su destino.
No volvió a casa ¿para qué?, no quiso explicar lo explicable.  Nunca regreso  al pueblo ni cuando la mandaron a decir la muerte de su madre. Una puta no sería bien recibida entre aquellas gentes que  permitían  que el señorito se acostara con niñas de trece, catorce o quince años  y que señalaba a esas niñas  marcándolas para siempre con la palabra vergüenza.
Apareció en aquella capital de provincias cuando la burguesía emergente hizo del barrio chino su segundo hogar. Allí aquella niña de pueblo se convirtió en la meretriz  más solicitada, la  mejor remunerada.
De aquellas primeras monedas con las que pagaron su  virginidad paso a convertirse en dueña de un burdel, de un bar de citas y de varios inmuebles donde las prostitutas llevaban a sus clientes. Tantos hombres en su cama  a los que despreciaba   que se  enamoró  de una mujer…
Ella  que tantas veces  tenía que apretar los dientes ante los clientes se sentía  libre cuando estaba piel con piel con la otra.
Por eso la amo tanto, por eso la retiró de todos y de todas porque su  cuerpo lo deseaba sólo para ella. Y para que no se fuera puso a su nombre el burdel, el bar de citas y los pisos, y cuando todo estuvo a su nombre la otra  lo vendió y se marchó.
Y ahora ella tenía ochenta y cinco años y todas las tardes salía por ese  barrio chino, abandonado por la burguesía  y convertido en gueto,  buscando unos clientes que muy pocas veces encontraba. Ella seguía allí malviviendo, realquilando habitaciones a prostitutas venidas de muy lejos y pensando en el único ser que amo, en aquella mujer que la traiciono, pero a la que seguía esperando  para volver a sentir de nuevo  el contacto de una  piel amiga. 




miércoles 14 de septiembre de 2011

LA SUAVE BRISA DEL ESTIO

Al despertar percibió el suave vaivén de  la cortina. No recordaba donde estaba, tantas camas diferentes, tantas cortinas moviéndose. Su cuerpo seguía doliendo aunque los moratones hubieran ya desaparecido.  Claro que desaparecen los moratones del  cuerpo, le habían dicho, pero nunca desaparece ese  que te carcome por dentro.
Recordó aquella noche, y aquel cuchillo,  y lo fácil que había sido hincarlo en la carne de hombre blando. Nunca más volverás a levantarme la mano, recordó que le dijo entre lágrimas, nunca más.  
Ella corrió, corrió para escapar, para ser libre pero siguió siendo esclava de su propio espanto, de él. Y lloró, lloró  porque  supo que aunque él estuviera muerto ella nunca se libraría de él.
Y percibía, en este mismo instante, su sombra escondida,  acechándola detrás del ligero movimiento de un visillo en aquel  cuartucho de  hotel barato.

//A todas las mujeres que alguna ven han sentido  un moratón royéndolas  por dentro//






jueves 1 de septiembre de 2011

TU VOZ


Al final  eres la voz de tu amo aunque seas un perro mudo.

viernes 8 de julio de 2011

TUS PECES Y MIS PIES

Miles de pececillos revoloteaban en mis pies mientras sentía pequeñas descargas eléctricas. Me devoraban, aquellos pequeños peces me comían y yo no podía sacar mis pies de esa pecera de seres insaciables. Pensé en ti.