jueves 14 de octubre de 2010

A COBIJO


Los soportales de la calle me resguardaban de la lluvia aquella noche oscura, pero no quise protegerme de agua que caía, por eso abandone el cobijo de un refugio seguro y corrí a la calle abierta, y al sentir el frescor del agua resbalando por mi cara comprendí que ¡por fin! era libre; por eso nunca quise volver al amparo de un lugar cubierto aunque fuera un día de aguacero

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada