Me dijo que había estado con
muchos hombres, demasiados. Perdió la virginidad en un coche, allí en el
pueblo, con el señorito, y ella chica pobre soñó que la quería, pero cuando
al acabar le dio unas monedas supo
cual era su destino.
No volvió a casa ¿para qué?, no
quiso explicar lo explicable. Nunca regreso
al pueblo ni cuando la mandaron a decir
la muerte de su madre. Una puta no sería bien recibida entre aquellas gentes
que permitían que el señorito se acostara con niñas de
trece, catorce o quince años y que
señalaba a esas niñas marcándolas para
siempre con la palabra vergüenza.
Apareció en aquella capital de
provincias cuando la burguesía emergente hizo del barrio chino su segundo
hogar. Allí aquella niña de pueblo se convirtió en la meretriz más solicitada, la mejor remunerada.
De aquellas primeras monedas con
las que pagaron su virginidad paso a
convertirse en dueña de un burdel, de un bar de citas y de varios inmuebles
donde las prostitutas llevaban a sus clientes. Tantos hombres en su cama a los que despreciaba que
se enamoró de una mujer…
Ella que tantas veces tenía que apretar los dientes ante los
clientes se sentía libre cuando estaba
piel con piel con la otra.
Por eso la amo tanto, por eso la
retiró de todos y de todas porque su cuerpo lo deseaba sólo para ella. Y para que
no se fuera puso a su nombre el burdel, el bar de citas y los pisos, y cuando todo
estuvo a su nombre la otra lo vendió y
se marchó.
Y ahora ella tenía ochenta y
cinco años y todas las tardes salía por ese
barrio chino, abandonado por la burguesía y convertido en gueto, buscando unos clientes que muy pocas veces
encontraba. Ella seguía allí malviviendo, realquilando habitaciones a
prostitutas venidas de muy lejos y pensando en el único ser que amo, en aquella
mujer que la traiciono, pero a la que seguía esperando para volver a sentir de nuevo el contacto de una piel amiga.

Amores dificiles, amores imposibles, amor y sufrimiento y cuantas páginas se han escrito sobre el amor, todos hemos amado, a todos nos han amado y siepre quiero amar porque el día que deje de hacerlo estaré muerto.
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