Al
despertar percibió el suave vaivén de la
cortina. No recordaba donde estaba, tantas camas diferentes, tantas cortinas
moviéndose. Su cuerpo seguía doliendo aunque los moratones hubieran ya
desaparecido. Claro que desaparecen los
moratones del cuerpo, le habían dicho,
pero nunca desaparece ese que te carcome
por dentro.
Recordó
aquella noche, y aquel cuchillo, y lo fácil
que había sido hincarlo en la carne de hombre blando. Nunca más volverás a
levantarme la mano, recordó que le dijo entre lágrimas, nunca más.
Ella
corrió, corrió para escapar, para ser libre pero siguió siendo esclava de su
propio espanto, de él. Y lloró, lloró
porque supo que aunque él
estuviera muerto ella nunca se libraría de él.
Y percibía,
en este mismo instante, su sombra escondida, acechándola detrás del ligero movimiento de un
visillo en aquel cuartucho de hotel barato.
//A
todas las mujeres que alguna ven han sentido un moratón royéndolas por
dentro//

Me encanta como escribes, con cada una de tus palabras me haces revivir un sentimiento ¡artista!
ResponderSuprimirEs un gusto nevegar y encontrarse un blog como este
ResponderSuprimirpor todas las mujeres que se han tenido que esconder ....
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