miércoles 14 de septiembre de 2011

LA SUAVE BRISA DEL ESTIO

Al despertar percibió el suave vaivén de  la cortina. No recordaba donde estaba, tantas camas diferentes, tantas cortinas moviéndose. Su cuerpo seguía doliendo aunque los moratones hubieran ya desaparecido.  Claro que desaparecen los moratones del  cuerpo, le habían dicho, pero nunca desaparece ese  que te carcome por dentro.
Recordó aquella noche, y aquel cuchillo,  y lo fácil que había sido hincarlo en la carne de hombre blando. Nunca más volverás a levantarme la mano, recordó que le dijo entre lágrimas, nunca más.  
Ella corrió, corrió para escapar, para ser libre pero siguió siendo esclava de su propio espanto, de él. Y lloró, lloró  porque  supo que aunque él estuviera muerto ella nunca se libraría de él.
Y percibía, en este mismo instante, su sombra escondida,  acechándola detrás del ligero movimiento de un visillo en aquel  cuartucho de  hotel barato.

//A todas las mujeres que alguna ven han sentido  un moratón royéndolas  por dentro//






3 comentarios:

  1. Me encanta como escribes, con cada una de tus palabras me haces revivir un sentimiento ¡artista!

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  2. Es un gusto nevegar y encontrarse un blog como este

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  3. por todas las mujeres que se han tenido que esconder ....

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